🌟 Introducción: un plato que nunca falla
El solomillo de cerdo al Roquefort es uno de esos platos que parecen sencillos, pero que esconden una elegancia natural. Tierno, jugoso y envuelto en una salsa intensa y cremosa, este plato es perfecto tanto para una comida familiar como para una ocasión especial. El contraste entre la suavidad del solomillo y el carácter potente del queso Roquefort crea una combinación clásica que nunca pasa de moda.
Esta receta definitiva está pensada para que el solomillo quede perfectamente jugoso, la salsa equilibrada —ni demasiado fuerte ni demasiado suave— y el resultado final sea digno de un restaurante, pero hecho en casa, sin complicaciones.
📝 Ingredientes (4 personas)
Para el solomillo:
- 2 solomillos de cerdo (aprox. 500–600 g en total)
- Sal al gusto
- Pimienta negra recién molida
- 2 cucharadas de aceite de oliva
- 1 cucharada de mantequilla
Para la salsa Roquefort:
- 150 g de queso Roquefort
- 200 ml de nata para cocinar (crema de leche)
- 1 cebolla pequeña o 2 chalotas
- 1 diente de ajo
- 1 cucharadita de harina (opcional, para espesar)
- 50 ml de vino blanco seco
- Una pizca de nuez moscada
- Pimienta negra (con moderación)
- Sal (solo si es necesaria)
🔪 Preparación previa: el respeto al producto
Antes de comenzar a cocinar, saca los solomillos del frigorífico unos 20 minutos antes. Esto permite que la carne se atempere y se cocine de manera uniforme.
Limpia los solomillos retirando el exceso de grasa y la posible telilla plateada. Sálpimentalos ligeramente por todos lados. No abuses de la sal: el Roquefort ya aporta bastante intensidad.
🔥 Sellado perfecto del solomillo
En una sartén amplia, calienta el aceite de oliva junto con la mantequilla a fuego medio-alto. Cuando esté bien caliente, añade los solomillos enteros y dóralos por todos los lados.
Este paso es fundamental: el sellado crea una capa exterior dorada que conserva los jugos en el interior. No tengas prisa. Gira la carne con pinzas, no la pinches.
Cuando estén bien dorados, retíralos de la sartén y resérvalos en un plato cubiertos ligeramente con papel de aluminio.
🧅 La base aromática de la salsa
En la misma sartén, sin limpiarla, baja el fuego a medio. Aprovecha los jugos que dejó la carne: ahí está el sabor.
Añade la cebolla o chalotas finamente picadas y una pizca de sal. Sofríe lentamente hasta que estén transparentes y ligeramente caramelizadas. Incorpora el ajo picado y cocina solo unos segundos, lo justo para que perfume sin quemarse.
🍷 Desglasar: liberar el sabor
Vierte el vino blanco y sube un poco el fuego. Raspa el fondo de la sartén con una cuchara de madera para desprender todos los restos dorados. Deja reducir el vino durante 2–3 minutos hasta que el alcohol se evapore y quede un fondo concentrado.
Si deseas una salsa más espesa, espolvorea la cucharadita de harina, remueve bien y cocina un minuto para eliminar el sabor crudo.
🧀 El corazón de la receta: el Roquefort
Baja el fuego y añade la nata para cocinar. Remueve suavemente y deja que empiece a calentarse sin hervir. Incorpora el Roquefort desmenuzado poco a poco, removiendo constantemente hasta que se funda por completo.
Añade una pizca de nuez moscada y un toque de pimienta negra. Prueba la salsa antes de añadir sal: muchas veces no será necesaria.
La textura debe ser cremosa, sedosa y envolvente, con un equilibrio perfecto entre intensidad y suavidad.
🔁 Volver a la carne: el punto justo
Vuelve a colocar los solomillos en la sartén junto con la salsa. Cocina a fuego bajo durante 8–10 minutos, girándolos a mitad de cocción y bañándolos con la salsa.
Este paso permite que la carne termine de cocinarse suavemente y se impregne del sabor del Roquefort sin secarse.
Para comprobar el punto, puedes pinchar ligeramente el centro: debe estar tierno y jugoso.
🔪 Reposo y corte
Retira los solomillos del fuego y déjalos reposar 5 minutos antes de cortarlos. Este reposo permite que los jugos se redistribuyan y la carne quede más jugosa.
Córtalos en medallones de 2–3 cm de grosor y colócalos en una fuente. Vierte la salsa caliente por encima.
🍽️ Acompañamientos ideales
Este plato se luce aún más con:
- Puré de patatas cremoso
- Patatas al horno o panaderas
- Arroz blanco
- Verduras salteadas (judías verdes, espárragos, brócoli)
El pan es obligatorio: la salsa no se perdona.
🌿 Variaciones deliciosas
- Con champiñones: añádelos salteados a la salsa
- Con nueces picadas: aportan textura y contraste
- Más suave: mezcla Roquefort con queso crema
- Más intensa: añade un poco más de queso y menos nata
🧠 Consejos de chef
- No hiervas la salsa: el queso puede cortarse
- Usa Roquefort auténtico para un sabor limpio
- Menos es más con la sal
- Cocina con calma: este plato lo agradece
❄️ Conservación
Se conserva bien 24–48 horas en refrigeración. Recalienta a fuego bajo añadiendo un chorrito de nata o leche para devolverle cremosidad.
❤️ Conclusión
El solomillo de cerdo al Roquefort es un plato que nunca decepciona. Elegante, reconfortante y lleno de sabor, esta receta definitiva te garantiza un resultado jugoso y una salsa memorable. Perfecta para compartir, para celebrar o simplemente para darte un homenaje culinario.