Tortino di Zucca con Cuore Filante di Scamorza: Una Delicia Otoñal
El Tortino di Zucca con Cuore Filante di Scamorza es un plato típico italiano que combina la suavidad y dulzura natural de la calabaza con el corazón fundente de queso scamorza, creando un equilibrio perfecto entre sabor y textura. Este plato es ideal como aperitivo, entrante o incluso como plato principal ligero, acompañado de una ensalada fresca. La calabaza, ingrediente protagonista, no solo aporta sabor, sino también un color vibrante que hace que el plato sea visualmente irresistible. La scamorza, un queso italiano semiblando ahumado o fresco, se derrite en el centro del tortino, ofreciendo ese efecto “filante” que enamora a todos los comensales.
Ingredientes (para 4-6 porciones)
Para el tortino:
- 600 g de calabaza (preferentemente tipo butternut o violín)
- 2 huevos grandes
- 100 g de queso parmesano rallado
- 100 g de pan rallado
- 1 diente de ajo (opcional)
- 2 cucharadas de aceite de oliva virgen extra
- Sal y pimienta al gusto
- Nuez moscada al gusto
- Perejil fresco picado (opcional, para decorar)
Para el corazón filante de scamorza:
- 150-200 g de queso scamorza (puede ser ahumada o fresca, según prefieras)
- Un poco de mantequilla o aceite para engrasar los moldes
Opcional para acompañar:
- Ensalada fresca de rúcula y granada
- Reducción de balsámico
Preparación Paso a Paso
1. Preparar la calabaza
Comienza lavando y pelando la calabaza. Córtala en cubos de aproximadamente 2 cm para que se cocine de manera uniforme. Si prefieres, puedes hornearla directamente con piel y luego retirar la pulpa. La calabaza se puede cocer de varias maneras: al vapor, hervida o asada al horno. Yo recomiendo asarla porque concentra su sabor y resalta su dulzura natural. Para ello, coloca los cubos en una bandeja de horno, añade un chorrito de aceite de oliva, sal, pimienta y un toque de nuez moscada. Hornea a 180°C durante 25-30 minutos, hasta que la calabaza esté tierna y ligeramente dorada.
2. Hacer el puré
Una vez cocida, coloca la calabaza en un bol y aplástala con un tenedor o un pasapurés hasta obtener un puré suave. Si deseas una textura más cremosa, puedes añadir una cucharadita de mantequilla o un chorrito de leche. Ajusta la sal, pimienta y nuez moscada al gusto.
3. Preparar la mezcla del tortino
En un bol grande, bate los huevos y mézclalos con el puré de calabaza. Añade el parmesano rallado y el pan rallado, mezclando hasta que se integren bien todos los ingredientes. Si la mezcla queda demasiado líquida, añade un poco más de pan rallado hasta obtener una consistencia moldeable pero húmeda. Para un sabor extra, puedes picar finamente un diente de ajo y añadirlo a la mezcla.
4. Preparar los moldes
Engrasa los moldes individuales (pueden ser de silicona o metálicos) con mantequilla o aceite. Esto asegurará que los tortinos se desmolden fácilmente y mantengan su forma. Coloca un poco de la mezcla de calabaza en el fondo, creando una base uniforme.
5. Insertar el corazón filante de scamorza
Corta la scamorza en cubos de aproximadamente 2 cm y colócala en el centro de cada molde, sobre la base de calabaza. Luego, cubre el queso con el resto de la mezcla, asegurándote de que quede completamente envuelto. El objetivo es que, al hornearse, el queso quede fundido dentro del tortino, creando un efecto “filante” cuando se corte.
6. Hornear
Precalienta el horno a 180°C. Coloca los moldes en la bandeja del horno y hornea durante 25-30 minutos, o hasta que la superficie esté dorada y ligeramente crujiente. Para comprobar la cocción, inserta un palillo en la mezcla; debe salir limpio, evitando tocar directamente el queso del centro. Una vez horneados, deja reposar los tortinos durante 5 minutos antes de desmoldarlos.
7. Presentación
Desmolda los tortinos cuidadosamente y colócalos en los platos individuales. Si deseas, espolvorea un poco de perejil fresco picado para aportar color y frescura. Sirve caliente para disfrutar del queso scamorza fundido en el corazón. Puedes acompañar el plato con una ensalada de rúcula, nueces y granada, o incluso con un chorrito de reducción de balsámico para un contraste dulce y ácido.
Consejos y Variaciones
- Variante con hierbas: Añadir tomillo, romero o salvia picada a la mezcla de calabaza aporta un aroma increíble y realza el sabor del tortino.
- Versión vegana: Sustituye los huevos por 2 cucharadas de semillas de lino molidas mezcladas con 6 cucharadas de agua (dejadas reposar 5 minutos) y el parmesano por levadura nutricional. Utiliza un queso vegano fundente para el corazón.
- Ahumado o fresco: La scamorza ahumada dará un sabor más profundo y rústico, mientras que la fresca aporta suavidad y dulzura.
- Tamaño individual o grande: Puedes hacer tortinos individuales o un molde grande tipo “pastel de calabaza”, cortándolo en porciones para compartir.
- Congelación: Los tortinos se pueden congelar antes de hornear. Solo hornéalos directamente desde el congelador, aumentando 5-10 minutos el tiempo de cocción.
Maridaje
Este plato combina maravillosamente con vinos blancos secos como un Pinot Grigio o un Verdicchio, que equilibran la dulzura de la calabaza. Para una opción sin alcohol, un té de hierbas ligeramente dulce o una limonada con un toque de miel funciona muy bien.
Historia y Contexto
La combinación de calabaza y queso fundente es muy común en la cocina italiana del norte y centro, donde la temporada de calabaza marca los menús de otoño. El tortino, en su versión más tradicional, se servía en ocasiones especiales y fiestas familiares. Hoy, es un plato versátil que puede encontrarse tanto en restaurantes gourmet como en mesas caseras, apreciado por su sabor reconfortante y su presentación elegante.
El uso de la scamorza no es casual: este queso, que recuerda al provolone pero más suave y fácilmente fundente, aporta la textura cremosa que convierte un simple puré de calabaza en una experiencia culinaria memorable. Cuando se corta el tortino, el corazón de scamorza se estira, creando un efecto visual espectacular que sorprende y deleita a los comensales.
Conclusión
El Tortino di Zucca con Cuore Filante di Scamorza no es solo un plato, es una experiencia sensorial completa. Su preparación requiere un poco de tiempo y cuidado, pero el resultado vale cada minuto: la calabaza suave y dulce, el queso derretido y el aroma del horno crean un equilibrio perfecto entre sabor, textura y presentación. Es un plato que combina tradición, creatividad y un toque de indulgencia, ideal para cualquier ocasión especial o simplemente para disfrutar de la calidez del otoño en tu mesa.